Las startups de guerra están dulces y las fábricas ucranianas de soldados robot suben de precio.

Los ucranianos aprendieron a matar barato. El trabajo ahora es convertir eso en una "empresa rentable".

17 de septiembre de 2026 · 1 min de lectura

Swarmer, con sede en Austin, Texas, firmó la compra de Ratel Robotics, fabricante de vehículos terrestres no tripulados de Kiev. Efectivo más acciones, hasta 224 millones de dólares si se cumplen todos los objetivos. Los más de 300 empleados de Ratel pasan a Swarmer, que queda cerca de 500 personas. Taras Ostapchuk sigue como CEO y reporta a Alex Fink.

El presidente del directorio de Swarmer es Erik Prince, el fundador de Blackwater. Su frase: los ucranianos aprendieron a hacer la guerra barato, "muy por encima de lo que pudo el cartel de defensa occidental", y el trabajo ahora es convertir eso en una empresa rentable. Ya dijo que busca más adquisiciones.

Lo que compra tiene números. Ratel firmó contratos por 86 millones de dólares este año y explica cerca del 37% de los 11.000 millones de grivnas (unos 247 millones de dólares) que la Agencia de Compras del Ministerio de Defensa ucraniano destinó a robots terrestres entre enero y abril. Sus máquinas hacen logística, evacuación de heridos, desminado y ataque. Cada modelo de serie lleva número de stock OTAN.

El software de Swarmer coordina hasta 690 drones por enjambre. Hace un año levantó una Serie A de 15 millones liderada por inversores estadounidenses.

En el frente, el Zmiy de RoverTech pesa 800 kilos y promedia 57 misiones antes de ser destruido; el resto de los robots terrestres aguanta siete. Zelenski ordenó comprar 50.000 unidades para fines de 2026. En 2024 fueron 2.000.