MBARI baja su vehículo MOLA a una zona de fuentes hidrotermales en Grecia

Investigadores de MBARI viajaron a Grecia para colaborar en el mapeo y monitoreo de fuentes costeras que liberan gas desde el fondo marino. El vehículo MOLA hizo su primera inmersión en la bahía de Paleochori para relevar el campo hidrotermal. El trabajo despliega tecnología nueva en un ambiente de fondo marino activo.

22 de octubre de 2026 · 2 min de lectura

Entre los 30 y los 80 metros de profundidad, el fondo marino de la isla griega de Milos era un hueco en el mapa. Los buzos de la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas (NKUA) relevaron las fuentes de gas desde la costa hasta unos 30 metros. El buque de investigación *Meteor* caracterizó las que están por debajo de los 80. En el medio no llegaba nadie: es muy hondo para bucear y muy somero para un barco grande con vehículo remoto.

Para cubrir ese tramo, el instituto californiano MBARI mandó a Milos al CoMPAS Lab, el equipo que diseñó el MOLA, un robot submarino autónomo y portátil. La colaboración la propuso Paraskevi (Evi) Nomikou, profesora de la NKUA, al ingeniero principal de MBARI Giancarlo Troni. Nomikou había visto al MOLA trabajar en las Maldivas dos años antes. El robot entra en una valija rígida y se lanza desde la playa o desde un bote chico.

El viernes hizo su primera inmersión en la bahía de Paleochori, lanzado desde la playa. Durante cuatro horas filmó un campo hidrotermal extenso. Vio por primera vez cómo salían burbujas de dióxido de carbono y metano por el fondo de arena, a través de fracturas del subsuelo volcánico.

El MOLA llevaba una cámara científica 4K y un equipo de mapeo con una cámara RGB y dos grises estéreo. Con esas imágenes reconstruirán el fondo en 3D. El equipo también probará algoritmos nuevos para detectar y caracterizar las fuentes. Por ahora el robot trabaja atado a la costa con un cable. El laboratorio dice que a futuro hará misiones solo.

La expedición dura 10 días y cubrirá además la bahía de Spathi y el noroeste de la bahía de Milos. Los datos irán a las autoridades locales: los terremotos pueden provocar deslizamientos y hacer que los gases escapen con más violencia, en una isla que vive del turismo de verano.