El USAT-1, primer CubeSat universitario argentino 3U, construido en la UNLP, ya está en órbita
El nanosatélite USAT-1 fue diseñado y construido en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata. Viajó en un Falcon 9 de SpaceX desde California y ahora debe demostrar que sus sistemas funcionan en el espacio. Usará señales de navegación para estudiar la atmósfera y la superficie terrestre. Sonia Botta, su creadora, cuenta cómo las becas de la universidad pública la llevaron a la ingeniería espacial.
22 de octubre de 2026 · 1 min de lectura
El USAT-1 salió el 1 de octubre desde la base Vandenberg, en California, a bordo de un Falcon 9 de SpaceX. Viajó como carga compartida en la misión Transporter-18 y ya está en órbita.
Lo hicieron docentes, estudiantes, becarios e investigadores de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata. Es un CubeSat 3U: unos 10 por 10 por 34 centímetros y alrededor de tres kilos. Adentro lleva computadora de a bordo, comunicaciones, sistema eléctrico, control térmico y control de orientación.
El proyecto empezó en 2021, en plena pandemia, entre el Centro Tecnológico Aeroespacial y el grupo de Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones de la Facultad.
Su instrumento principal es un receptor GPS/GNSS multiantena desarrollado por ese grupo. Con las señales de navegación van a medir dos cosas. Por radioocultación, cómo cambia la señal al atravesar la atmósfera, para estimar temperatura, presión y humedad. Por reflectometría, cómo rebota en la superficie, para estudiar humedad del suelo, rugosidad, altimetría y cobertura vegetal.
La Comisión Nacional de Energía Atómica aportó los paneles solares. El Instituto Argentino de Radioastronomía colaboró en pruebas de radiofrecuencia y en la recepción de señales. La CONAE acompañó el proyecto.
Costó unos 70.000 dólares en materiales y becas. El lanzamiento sumó otros 100.000.
Ahora viene lo difícil: recibir las transmisiones y confirmar que computadora, baterías, antenas y control de orientación sobrevivieron al lanzamiento. También buscan "herencia de vuelo", es decir, saber cómo se comportan en el espacio componentes que ya funcionaban en el laboratorio.
La experiencia sirvió de base para ATENEA, un microsatélite argentino hecho con la CONAE y otras instituciones, elegido como carga secundaria de Artemis II de la NASA.
Sonia Botta, creadora del satélite, contó a Infocielo que empezó a trabajar como ingeniera gracias a las becas de la UNLP.